¿Has entrado a un cuarto oscuro?
Es como salir en la noche, solo que acá te sabes atrapado, las paredes parecen
asfixiarte y la desesperación comienza, lenta pero segura, a cubrir tu cuerpo,
el sudor frio a la misma velocidad, los escalofríos y la mente, que llevada a
su límite; registra revoluciones comparables a un auto de carreras. El miedo
florece.
Entonces
que hacer, los ruidos, las alucinaciones o quizás, aquello que siempre
olvidaste, aquello que siempre ocultaste renace ahí, en la nada o el todo, en
la profunda oscuridad que gobierna y reina la vida misma, en su escritorio
esperando el turno. Nace la culpa.
Ahora
dime: ¿Tienes esperanzas? ¿Crees en el amor? ¿Has pedido perdón? Ya no hay
vuelta atrás, ahora comienzas de cero y eres una persona nueva. Comienzan las
segundas oportunidades.
A veces, en ocasiones la soledad y el abandono autoimpuesto
es necesario, para conocer nuestra alma y nuestros objetivos. Sonríe y se
feliz, haz lo que te plazca y ama a quienes te aman, pero no olvides el
respeto, comenzando en tu persona y terminando en los otros.
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